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Eventbrite - OPORTUNIDAD: Como CREAR prosperidad, AHORA: ¿TE INTERESA TENER SEGURIDAD, RECONOCIMIENTO y TIEMPO DE CALIDAD e INDEPENDENCIA ¡¡¡ Invitación por Jose Barragán

jueves, 6 de junio de 2013

HIPERTENSION ARTERIAL

1. La epidemia global se está extendiendo A comienzos del siglo XXI, la tensión arterial alta (el nombre de esta enfermedad es hipertensión) se está extendiendo por todo el mundo en proporciones de epidemia. Los hechos son que: Actualmente, más de mil millones de personas de todo el mundo sufren de hipertensión, es decir una de cada 7 personas que viven en nuestro planeta hoy en día. Solo en EE.UU., más de 70 millones de personas se ven afectadas por esta enfermedad, alrededor de una de cada 4 personas. Según la Organización Mundial de la Salud, en algunos países más de la mitad de la población padece de hipertensión. Esta enfermedad contribuye a que se den, más o menos, la mitad de los casos de infarto de miocardio y derrame cerebral de todo el mundo. Además, la hipertensión también es un factor de riesgo importante en las miocardiopatías y otras manifestaciones de enfermedad cardiovascular. El cargo económico de esta enfermedad es también asombroso: en EE.UU. y en otros países, entre el 6% y el 8% de los presupuestos nacionales de salud se están gastando en enfrentarse a la epidemia de hipertensión. En 2025, se estima que mil millones y medio de personas padecerán esta enfermedad a nivel global, lo que significa un aumento del 50% en solo una década y media. Datos procedentes de: la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Americana del Corazón A pesar de la publicación ocasional de informes de progreso procedentes de algunos países más ricos en la lucha contra la hipertensión, esta enfermedad sigue aumentando sus proporciones de epidemia a escala mundial. Considerando el hecho de que la medicina convencional basada en los fármacos apenas comprende la causa fundamental de esta enfermedad, lo anterior no es ninguna sorpresa. Al 90% de los pacientes de hipertensión se les diagnostica hipertensión “primaria”, que significa que no se ha identificado ninguna causa médica subyacente. Para enmascarar el hecho de que la causa de la enfermedad de la gran mayoría de pacientes hipertensos sigue siendo desconocida, la medicina convencional basada en los fármacos ha acuñado el término especial de “hipertensión esencial” en sus diagnósticos. Aunque el paciente al que se le diagnostica padecer de “hipertensión esencial” sale con la impresión de que le han hecho un diagnóstico preciso, su significado real es muy diferente: “no sabemos de dónde ni de qué procede su enfermedad”. En los últimos años, se han realizado ciertos progresos en la identificación de ciertas moléculas de herencia (genes) que pueden influir ligeramente en el tipo de tensión arterial que tiene cada persona. Sin embargo, no hay ninguna terapia disponible que trate la causa fundamental que influya en estos genes terapéuticamente o que los regule. 
2. Las respuestas que nunca da la medicina convencional. Dado que las causas fundamentales de la mayor parte de los casos de hipertensión se desconocen o no hay tratamiento disponible para ellas, solo le queda una opción a la medicina convencional basada en los fármacos: solo puede tratar los síntomas de esta enfermedad. El enfoque convencional de la medicina farmacéutica intenta bajar la hipertensión utilizando para ello moléculas sintéticas patentadas. En este punto surge otro problema: como la mayoría de estos fármacos son compuestos sintéticos, las células del corazón y del sistema de vasos sanguíneos no pueden interactuar con ellos de una manera natural para corregir la disfunción celular. Debido a la naturaleza artificial de estos medicamentos con receta, nuestro organismo los considera extraños o toxinas que debe eliminar. Una eliminación que se realice tarde o de una forma incompleta de estas sustancias químicas de nuestro organismo puede motivar la aparición de los efectos de intoxicación ya mencionados anteriormente y explicar los graves efectos secundarios relacionados con ellos. Entre los fármacos que con mayor frecuencia se recetan a los pacientes con hipertensión podemos citar: las tiazidas, que son un tipo de diuréticos. El objetivo de estos fármacos es bajar la tensión arterial eliminando agua del organismo y, así, disminuir el volumen de sangre que circula por nuestra red de vasos sanguíneos. Los fármacos cuyo fin es eliminar agua del cuerpo reciben el nombre de diuréticos (que viene del griego “diourein ”, esto es, orinar). Este enfoque se puede comparar al hecho de reducir la presión de una cañería de agua drenando parte del agua circulante. Entre los “efectos adversos graves y comunes” de estos medicamentos podemos citar: un latido cardíaco irregular (arritmia cardíaca); intoxicación y muerte celular, lo que hace que la piel (epidermis) se separe del tejido que hay por debajo, la dermis (síndrome de Stevens-Johnson); intoxicación del hígado (hepatotoxicidad); pancreatitis y otros. Inhibidores ECA (o IECA). El objetivo de estos medicamentos es bloquear una enzima, la enzima convertidora de angiotensina (ECA), implicada en la regulación de la tensión arterial del organismo. Entre los “efectos adversos graves y comunes” de estos medicamentos podemos citar: un descenso grave del número de glóbulos blancos (agranulocitosis o granulocitopenia según ciertos autores) que plantea riesgos para la vida y que suele estar causado por el efecto tóxico de estos fármacos en la médula ósea, que es donde se generan nuestros glóbulos; una hinchazón rápida de la piel y las membranas mucosas del cuerpo (angioedema o edema de Quincke); el desarrollo de mamas grandes en hombres causado por la hinchazón de las glándulas mamarias (ginecomastia). Antagonistas del calcio (bloqueantes de los canales de calcio). El objetivo de estos fármacos es relajar las arterias y aumentar el suministro de oxígeno a las células del músculo cardíaco (el miocardio). Entre los “efectos adversos graves y comunes” de estos medicamentos podemos citar: un aumento del dolor torácico (angina pectoris o angina de pecho), infarto de miocardio (infrecuente) y otros. Betabloqueantes. El objetivo de estos fármacos es reducir el ritmo cardíaco y/o la fuerza de bombeo del músculo cardíaco (el miocardio) para “ahorrar” energía. Entre los “efectos adversos graves y comunes” de estos medicamentos podemos citar: Bloqueo del impulso eléctrico del latido del corazón (bloqueo auriculoventricular); un latido lento e irregular (bradiarritmia); la obstrucción de las vías respiratorias del pulmón (broncoespasmo) y otros. Fuente: Principios de Farmacología (Principles of Pharmacology), tercera edición, 2012

 3. Necesidad de nuevos enfoques: la salud celular. Los hechos son que: En la actualidad, la mayor parte de los medicamentos con receta que toman millones de personas aquejadas de hipertensión no pueden tratar específicamente la causa subyacente de esta enfermedad: el aumento de la presión de millones de células del músculo (liso) dentro de las paredes de las arterias, lo que motiva una reducción del diámetro de las mismas y, por tanto, un aumento de la presión (o tensión) arterial. Los pocos medicamentos con receta que pueden reducir la presión de las células musculares, por ejemplo, los antagonistas del calcio (también llamados bloqueantes de los canales de calcio), son moléculas sintéticas que, a diferencia de las sustancias naturales, dejan a las células del sistema cardiovascular incapaces de interactuar con ellas mediante autorregulación biológica. Es obvio que estas células no solo “ignoran” las altas dosis de estos fármacos de síntesis, sino que las concentraciones de estos últimos pueden motivar excesos de dosificación e intoxicaciones y, por tanto, causar los graves efectos secundarios antes mencionados. Una de las moléculas biológicas más importantes implicadas en la regulación de la tensión arterial es el óxido nítrico (también conocido como monóxido de nitrógeno). Gracias a su efecto relajante en la pared de los vasos sanguíneos, esta pequeña molécula también es conocida como factor de relajación derivado del endotelio, o EDRF por sus siglas en inglés. Una carencia de este factor de relajación motiva, inevitablemente, un aumento de la tensión arterial. Al contrario, la hipertensión puede reducirse, normalmente, si se dispone de cantidades óptimas de EDRF (NO). Se puede aumentar la disponibilidad de este factor de relajación en nuestro organismo simplemente a través de la dieta. El factor de nutrición más importante que aumenta la disponibilidad de este factor de relajación es el aminoácido natural arginina. Otros micronutrientes naturales como la vitamina C, el magnesio y un grupo de extractos de plantas llamado polifenoles han formado parte de la dieta del ser humano durante miles de generaciones. Como tales, las células de nuestro sistema cardiovascular pueden interactuar con ellos de una manera biológica. Una ingesta óptima de arginina, vitamina C, magnesio, polifenoles y otros micronutrientes en la dieta puede ayudar a normalizar la tensión arterial gracias a su efecto beneficioso corrigiendo las disfunciones del metabolismo celular, reduciendo la presión de la pared arterial y, por tanto, bajando la tensión arterial alta. Las investigaciones en los nuevos campos de tanta importancia como son la salud celular y la medicina celular están aumentando con rapidez nuestros conocimientos sobre las interacciones biológicas entre los compuestos naturales y nuestras células. Este aumento de nuestros conocimientos relativos a las maneras como los micronutrientes y otras moléculas biológicas regulan y promueven el metabolismo de millones de células de la pared arterial hacia la mejora de la salud cardiovascular debe, inevitablemente, significar un gran avance en la prevención, el control y la reducción de la epidemia de hipertensión. Las amplias pruebas científicas, ya disponibles en la actualidad, que documentan los beneficios de esos micronutrientes para bajar la tensión arterial alta y mejorar la salud cardiovascular se pueden estudiar en la biblioteca en línea que se encuentra en este sitio web. Además de los complementos de micronutrientes en la dieta, un estilo de vida saludable también es un factor importante que contribuye a bajar la tensión arterial alta y a mantener una buena salud cardiovascular. Un estilo de vida tan saludable no debe pasar por alto una dieta rica en verduras y frutas, la práctica habitual de ejercicio como caminar, correr, montar en bicicleta o nadar, la reducción del estrés, lo cual incluye ratos para relajarse y, sobre todo, no fumar. La información que aparece en este sitio web no está pensada para tratar a pacientes individuales. Su objetivo es proporcionar información de base científica que permita que las personas del mundo entero emprendan acciones para ayudar a controlar la epidemia de hipertensión. © Dr. Rath Health Foundation 2013

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